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MIGRACIONES DE JAPONESES A MÉXICO |
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2009 LOS JAPONESES Y LOS NIKKEIS EN LA GUERRA DEL PACÍFICO.
Los japoneses en México
PREÁMBULO. LAS MIGRACIONES DE JAPONESES A MÉXICO.
Babel Ciudad de México. Asiáticos en la Ciudad de México. Shoshin Murakami. Los Japoneses en México. GDF-Cultura-Fiestas del milenio-Pórtico de la ciudad de México. mayo-agosto 1999.
La comunidad México-japonesa se puede dividir principalmente en dos etapas: desde 1897 hasta antes de la Segunda Guerra Mundial y después de ésta, en 1945, hasta nuestros días. Los primeros japoneses que vinieron a México, fueron agricultores y con ellos algunos profesionistas farmacéuticos que llegaron hace aproximadamente cien años, a las playas de Chiapas, exactamente al Soconusco a sembrar café, pero por diversos motivos no tuvieron el éxito deseado.
Posteriormente, de 1905 a 1910, llegaron a la zona llamada La Oaxaqueña, un pueblito escondido entre los límites de Oaxaca y Veracruz, un numeroso grupo de obreros a trabajar en los ingenios de azúcar de esa región, que eran propiedad de estadounidenses. Durante ese periodo, también hubo un gran movimiento de trabajadores contratados para trabajar en las minas Cananea, Nacozari y Palao, en el noroeste de la República Mexicana, en los estados de Sonora, Durango y Chihuahua.
De 1908 a 1915, un importante grupo de japoneses vino a tender las vías férreas del ferrocarril central en Colima; éstas aún existen, se tendieron hace 70 u 80 años en esa región y ahí trabajaron los antepasados de los actuales nikkei mexicanos como obreros contratados por la compañía ferrocarrilera. Otra partida emigró a Ensenada, puerto pesquero rico en mariscos, para dedicarse a la pesca del abulón.
Años más tarde, entre 1920 y 1935, numerosos inmigrantes comenzaron a llegar a Baja California Norte cerca de la frontera, a Tijuana y principalmente a Mexicali, con miras a pasar a los Estados Unidos; pero como había una ley que se había expedido en ese país llamada ?Convenio entre Caballeros? (1907), que impedía aceptar más japoneses y asiáticos, se tuvieron que quedar en Mexicali y la mayoría se dedicó a la siembra del algodón. En la década de los treintas y cuarentas otro grupo de comerciantes llegó al puerto de Veracruz; en esa época había cerca de 30 comercios abarroteros en esa región.
Esporádicamente venían otros japoneses, ya no contratados, sino libremente, a abrirse nuevas oportunidades de vida en México, en buena medida invitados por familiares que ya estaban establecidos en el país. Todos ellos eran generalmente hombres solteros, de edades entre los 18 y los 30 años. muchos de ellos se casaron con mexicanas durante su estancia en México y sus descendientes ya no tienen rasgos asiáticos, ya son netamente mexicanos, con un poco se sangre japonesa. Otros, regresaron al Japón para contraer nupcias y otros más tuvieron la oportunidad de traer o mandar traer a sus esposas a quienes sólo conocían por fotografía o por recomendación de sus familiares. Los japoneses que emigraron en esas épocas llegaron con una sóla intención: trabajar duro, ahorrar dinero y regresar a Japón para adquirir arrozales, construir sus casas y sacar adelante a su familia que eran, generalmente, agricultores no muy bien acomodados. Es lo que está sucediendo actualmente en México, en los pueblos de Zacatecas, San Luis Potosí, etcétera; tratan de irse al otro lado, a Estados unidos a abrirse nuevos caminos para mejorar la condición económica de su familia.
Hay que hacer una mención muy especial de las mujeres, a las madres de aquella época. Ellas también eran hijas de agricultores, la gran mayoría no tenía mucha cultura, pero tenían un amor muy intenso hacia la familia, hacia sus hijos, hacia su esposo. Ellas, aparte de hacer las labores del hogar, ayudaban en el negocio del esposo y todavía en las noches conseguían algún trabajo de costureras o de pegar botones que se podían llevar a casa, con objeto de poder tener un poco más de ingresos y así ayudar a sus esposos y sacar adelante a los hijos que, por lo regular, todos estudiaban. En ese entonces, casi todas las familias eran muy numerosas, no como actualmente es el matrimonio joven de uno o dos hijos; casi todos los nikkeis de esa generación éran cinco o seis hermanos. Dice el autor de este texto ?también me acuerdo que cuando regresábamos de la escuela no teníamos que ir a trabajar al negocio o taller o a lo que hacían nuestros padres, me acuerdo que me gustaba jugar a las canicas y al trompo, me deba mis escapaditas, pero de todos modos después me regañaban en la noche?.
Algunos de estos japoneses lograron formar una fortuna bastante grande (fábricas de hielo, molinos de nixtamal, fábricas de refrescos) en la costa del Pacífico, en Sinaloa y un poco más al norte, en Sonora. Otros llegaron a ser prósperos hacendados, ganaderos o pescadores y uno que otro era profesionista en el área médica y dental. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, México se vió obligado ?en la opinión personal del autor, S. Murakami? a acatar las leyes que se expidieron en esa época respecto a los miembros y descendientes del llamado Eje Roma-Berlín-Tokio ?alemanes, italianos y japoneses? por tal motivo, estos señores japoneses que no tenían nada que ver con la guerra fueron concentrados en la ciudad de México y sus alrededores, como Batán, Temixco y la ciudad de Guadalajara, Jalisco.
?A nuestros padres les tocó la cárcel más bonita: toda la ciudad de México fue su prisión; podían andar libremente, podían comer todo lo que quisieran, lo que pudieran comprar y el pueblo de México y el gobierno de México nunca los lastimaron ni los provocaron como en el Perú o Estados unidos, en donde de verdad se hicieron masacres, se saquearon comercios y quemaron las propiedades que tenían los japoneses. Ellos sí sufrieron mucho, pero México nunca maltrató a nuestros antepasados?.
En la época de la concentración, cuando los japoneses y sus descendientes empezaban a trasladarse a la ciudad de México, hay anécdotas muy conmovedoras, por ejemplo: en San Luis Potosí, al padre del actor Noe Murayama (fallecido en 1997), que, por lo regular, actuaba como villano ?por su cara de japonés, yo creo, dice Murakami? quien fue médico en el pueblo donde residía, el día que se tenía que ir al D.F. con toda su familia, todo el pueblo salió a despedirlo y se hizo una especie de manifestación para agradecer a este señor, por todos los beneficios que había otorgado en la región. Asimismo, se dice que en Chiapas, en un pueblito de nombre Acacoyagua, cuando llegaron los miliatres y los agentes de migración a detenerlos y llevarlos a la capital, el pueblo se levantó en armas con palos, palas y machetes, tratando de evitar que se llevaran a los técnicos japoneses que ahí residían, que tanto bien habían hecho, trazando carreteras, construyendo puentes, enseñándoles sistemas de irrigación, curándolos y muchas veces, aconsejándolos en sus problemas familiares.
?Creo que este tipo de expresiones del pueblo de México, es el verdadero sentido de toda la gente principalmente nativa de estas regiones, lo cual nosotros los descendientes de japoneses, debemos siempre de tener en mente para no defraudar esa gran labor que hicieron ellos?. Termina la guerra y empieza la segunda etapa, que es la que nos toca vivir.
LOS NIKKEI MEXICANOS Y LA EDUCACIÓN.
Todos los japoneses desde su llegada, a principios del siglo XX, siempre se preocuparon enormemente por la educación de sus hijos; al lugar donde llegaban se agrupaban y entre todos reunían el dinero necesario para rentar un local o comprar una pequeña propiedad y ahí poder dar a sus hijos educación, de idioma japonés y costumbres japonesas. Estos niños y jóvenes podían ir a escuelas mexicanas en la mañana y aparte, en la tarde, se juntaban en esas escuelas para preservar su cultura.
Lo primero que estos inmigrantes hicieron en el D.F. fue construir o rentar locales para la escuela de sus hijos; así aparecieron colegios japoneses en San Álvaro, en Tacuba, en el centro, en la colonia Obrera, al oriente en Tacubaya, y en Contreras, al sur de la ciudad. Ya para entonces los objetivos originales de la comunidad se habían modificado y estos japoneses habían decidido quedarse a vivir en México.
Algunos de los maestros habían venido de Japón, pero la mayoría fueron maestros prácticos, como las esposas de los inmigrantes o algunos ya bastante instruidos que se prestaban a dar clases en esos lugares. En esas épocas la mayor parte de los japoneses que vinieron a nuestro país, vivían en departamentos pequeños, en vecindades y no existían lujos; a pesar de eso, se preocuparon mucho con respecto a la educación de sus hijos.
En las escuelas japonesas de esa época, los maestros que impartían clases eran muy estrictos, casi al estilo militar; el maestro andaba con su varita de bambú, cualquier travesura que los alumnos hacían les pegaban en la mano o los castigaban y les dejaban de pie: La educación de los niños nikkeis de hace 60 años fue al estilo japonés antiguo; la actual ya no es así en el Japón, ya los adres lo repelen. ?Me acuerdo que cuando me castigaban y llegaba a las seis o siete, ya oscureciendo, a mi casa, y me preguntaba mi papá por qué llegaba tarde, nunca le decía que me habían castigado, porque si no llegando a la casa obta vez me castigaban, por eso mejor me quedaba callado?. Así, la infancia de los descendientes de japoneses se desarrolló en un ambiente humilde pero muy unido, tanto dentro de la familia como dentro de la comunidad; todos los que integraban la comunidad japonesa de México convivían mucho en excursiones, idas de campo y fiestas escolares, entre otras actividades.
Gracias al enorme esfuerzo de sus antepasados, se construyó lo que actualmente es el Liceo Mexicano Japonés, orgullo de la comunidad japonesa, en donde pueden convivir estudiando los niños de origen japonés, muchachos que vienen con sus padres a las grandes empresas japonesas y lo principal: jóvenes mexicanos, muchachos que no tienen ni una gota de sangre japonesa pero que están muy interesados en adquirir este tipo de educación y están muy contentos en esa institución. Dice el autor de este artículo que esta escuela se la deben más que nada a todos esos señores que se preocuparon y lucharon porque los descendientes de japoneses tuviesen un pequeño lugar para estudiar, ...?también me siento muy orgulloso porque todos mis estudios los hice en escuelas de gobierno, no de paga, porque el origen de mi familia era muy pobre, mi papá era carpintero en esa época. Pero estoy consciente que el pupitre donde yo estaba sentado era de un muchacho mexicano que se merecía estudiar ahí, pero México me ofreció esa gran oportunidad?.
Actualmente en las distintas universidades renombradas de México, siempre existen uno, dos o tres catedráticos de origen japonés, muchos de ellos quizá ya no tengan cara de japonés, pero tienen el corazón y un poco de sangre japonesa, incluso, como muchos lo sabrán, llegó a sobresalir un secretario de Salud que el fue el Dr. Jesús Kumate Rodríguez, originario de Sinaloa; también Hori Robaina, que fue director de la Lotería Nacional. Como el apellido Hori no se oye muy japonés, no se da uno cuenta, porque no se usa la letra k, ni la sh por ejemplo, pero todos ellos son descendientes de japoneses. También en la zona del Soconusco, en Chiapas, ya van cerca de seis o siete presidentes municipales de descendientes japoneses en los distintos pueblos que existen en esa región.
Concluye el autor Manuel Shoshin Mukarami... ?ahora nosotros tenemos que seguir luchando porque nuestros hijos y nuestros nietos ?que desde luego tienen algo de sangre japonesa? se esfuercen para sacar adelante a este México que tanto brindó a los inmigrantes japoneses, de los cuales la gran mayoría ya se han muerto, son tierra de este mismo territorio. Haremos el mejor esfuerzo para sacar adelante a México y llevar buenas relaciones con el Japón que es el país de nuestros antepasados?.
CLASES DE MIGRACIONES DE JAPONESES A MÉXICO.
Según una nota aparecida en el diario Excélsior del lunes 3 de mayo de 1926 dice así: ENTRE JAPÓN Y MÉXICO NO HAY PACTO SECRETO. Las noticias de procedencia norteamericana han causado un gran resentimiento en la capital de imperio. Los nipones no van a colonizar el país. Un periódico de Tokio dice que los Estados Unidos no deben inmiscuirse en las relaciones Méxiconiponas.
Cablegrama exclusivo para Excélsior.
Nueva York. Mayo 2. La actitud asumida por los Estados Unidos hacia los planes de colonización japonesa en gran escala en México, ha causado profundo resentimiento entre los órganos de la prensa japonesa, aunque el gobierno se ha limitado a reiterar su seguridad de que no existen proyectos oficiales para establecer colonias de nipones en México.
La anterior noticia ha sido transmitida desde Tokio al ?Evening Post? por su corresponsal, quien agrega:
?Los datos que se han recabado aquí demuestran que la emigración japonesa a México se efectúa con un promedio de veinticinco mil emigrantes al año, y esto se debe a la campaña iniciada por las compañías navieras, campaña que ha sido estimulada por el Gobierno mexicano. Sin embargo, parece que aquélla no tiene relación ninguna con el gobierno japonés.
?El ministro nipón en México, que se encuentra en Tokio actualmente disfrutando de algunas vacaciones, hace hincapié, en las entrevistas que ha tenido con los redactores de la prensa, en la forma excelente en que se trata a los japoneses en México, y advierte que ha hecho todo lo posible para estimular la emigración de sus compatriotas a ese país, diciendo que las condiciones que n el reinan ofrecen a los colonos nipones muchas facilidades para amasar fortunas o cuando menos asegurarse un medio mejor de vida. Reitera, sin embargo, las aseveraciones que ha hecho con anterioridad y en forma extraoficial?.
Refiriéndose en un editorial a la actitud de los Estados Unidos hacia la adquisición de vastos terrenos en México por los japoneses y a largos plazos, sobre todo en el litoral del Pacífico, declara lo siguiente el ?Tokio Asahi?, el más conservador de los periódicos de la capital nipona:
?El Gobierno Imperial sigue la línea de conducta de limitar la emigración a México en virtud de la cláusula del Convenio de Caballeros que compromete al Japón a reducir el número de los inmigrantes que salen rumbo a aquel país. Este Convenio secreto fue perjudicial para los intereses nipones, pero mientras estuvo en vigor, lo respetó nuestro Gobierno. Mas como quiera que fue denunciado en 1924 por un acto espontáneo de los Estados Unidos, el Japón quedó enteramente libre para enviar a México los colonos que quisiera. Moral y legalmente, los Estados Unidos carecen de derecho para inmiscuirse en las relaciones del Japón con México, y si el gobierno mexicano concede permiso a un sindicato japonés para explotar los recursos de ese país, no pueden los Estados Unidos quejarse, ni aun en el caso de que nuestros nacionales emigren a México en grupos numerosos.?
El Gobierno de Tokio muestra más preocupación, sobre todo por la agitación que ha recibido en los Estados Unidos acerca de los supuestos planes territoriales atribuidos a los nipones que se dice pretenden establecer grandes colonias en los puntos estratégicos de la costa de la República ¿LA DEL PACÍFICO?. Los funcionarios de la Secretaría de Relaciones han repetido con frecuencia sus declaraciones en el sentido de que el Gobierno no tiene planes ningunos acerca del establecimiento de un centro militar en esa costa. ¿CUÁL COSTA? ¿LA DEL PACÍFICO?
LA COMUNIDAD JAPONESA EN MÉXICO
Tomando como base a la Sociedad de Ayuda Mutua Japonesa, se formó la Asociación Central Japonesa de México la cual fue el inicio de la actual Asociación México-Japonesa, A.C. (AMJ) (Nichiboku Kaikan), situada en la Colonia de las Águilas, al suroeste de la ciudad de México.
Con la declaración de guerra contra Japón en 1942 (...o al Eje Roma-Berlín-Tokio), muchas familias de la comunidad japonesa fueron concentrados en la ciudad de México encontrando cobijo en el Rancho El Batán, actualmente la Unidad Independencia del IMSS, ya que el gobierno de México había decomisado el fondo económico en posesión de la Legación Japonesa. Posterior al término de la Segunda Guerra ?en este caso de la guerra en el Pacífico? (agosto de 1945) y durante el periodo del Presidente Adolfo Ruiz Cortines (1952-58), se decidió devolverlo al gobierno de Japón. De esta forma, los líderes de la comunidad japonesa de esa época acordaron utilizar esa cantidad para construir un centro que sería la base tanto para la presencia japonesa en México como el intercambio cultural. En 1959 en terrenos donados por la familia de Sanshiro Matsumoto se concluyó la construcción del actual edificio principal de la AMJ; y en 1987, en ocasión de las celebraciones del 90° Aniversario de la Inmigración Japonesa a México, se construyó en el mismo jardín la denominada Casa de la Cultura (Bunka Kaikan), que se ha convertido en un importante centro de intercambio entre México y Japón.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los japoneses residentes en México y sus hijos ya mexicanos e integrados a la sociedad mexicana, por muchos años tuvieron la inquietud de crear un centro social y cultural que les dieran identidad y unidad. Prominentes isseis (japoneses llegados a México), junto con personalidades mexicanas, fueron los que concretaron la tan ansiada inquietud de la comunidad; este grupo y la devolución de cuentas incautadas durante la guerra, así como la ayuda del gobierno japonés y donativos de gente destacada de la comunidad, reunieron los recursos necesarios para la creación de la AMJ, lugar de reunión y difusión del arte y cultura japonesa en la ciudad de México.
Al entonces Embajador de Japón en México, Kunichiro Kubota, en 1957, corresponde la colocación de la primera piedra del proyecto del Arq. Alberto T. Arai, construcción que llevó más de dos años en un terreno de cerca de 20,000 mts. cuadrados, y que cuenta con un edificio principal, un centro cultural, vastos jardines, amplio estacionamiento, una alberca y varias canchas de tenis. Abierta al público en los inicios de 1959, bajo la presidencia de los más distinguidos integrantes de la comunidad mexicano-japonesa, la AMJ instaló el primer restaurante japonés con cocineros traídos de Japón, así como un amplio salón de fiestas para eventos sociales variados. Es importante tener presente que la AMJ fue concebida y creada para bien de la comunidad y el fomento de la amistad entre México y Japón.
El Acta Constitutiva de la AMJ establece como objetivo de esta asociación el ?procurar el acercamiento intelectual, educativo, deportivo, social, comercial e industrial entre México y Japón mediante los diversos integrantes de la agrupación?. La AMJ es resultado de la entrega, sacrificio y cariño que muchos nikkeis, y, sostienen que tienen la convicción de que debe seguir existiendo en tanto sus objetivos no se agoten, ya que constituyen la presencia de la cultura japonesa en México; cambiando el factor ?sacrificio? por el de ?satisfacción? del papel que les toca llevar a cabo. Sus actividades de servicio a la comunidad y eventos tradicionales merecen preservarse a toda costa.
Considerando la editorial del boletín de la AMJ de agosto-septiembre del 2001, indica que si se acepta que la AMJ fue creada para servir de puente entre México y Japón, la definición de ?nikkei? ...es quien ha tenido uno o dos ascendentes japoneses, o ...identidad con lo japonés?. Por ello, el campo de acción de la AMJ ?son todos los nikkeis de y en México?; y las actividades de la AMJ deben trascender a la sociedad mexicana. Recalca esta editorial, que ?la Embajada de Japón en México, la Cámara Japonesa de Comercio y todas las demás instituciones nikkeis, deben participar e influir en las actividades de la AMJ. Asimismo, procedería que se integren personas e instituciones mexicanas interesadas en lo japonés?. Lo anterior implica que la AMJ sea una forma natural, la coordinadora de los trabajos mancomunados entre mexicanos y japoneses. Se enfatiza que este trabajo de coordinación obtendrá su sentido en una mayor capacidad de gestión y realización, proliferación en el campo cultural y artístico, un mejor conocimiento mutuo, mayor beneficio a la comunidad, impulso a la colaboración cívica, mayor participación en la vida nacional, mejores negocios y oportunidades de trabajo, así como mayor bienestar para todos.
La AMJ tiene una serie de actividades: promueve el acercamiento intelectual, educativo, deportivo, social, comercial e industrial entre ambos países. Realiza el boletín ?Nichiboku?. En determinadas épocas, la AMJ organiza conferencias de nikkeis destacados, con temas variados de tipo cultural y empresarial. Tiene un torneo de golf anual; la AMJ tiene su Escuela de idioma japonés; en octubre celebran su tradicional Peregrinación a la Basílica de Guadalupe; desde el 2001 los viernes y sábados se imparten clases de baile, abarcando varios géneros: danzón, tango, mambo, salsa y rock. En estas actividades participan en su organización el Consejo Directivo, el Comité de Damas, la Organización de Jóvenes Nikkei (OJN), la Embajada japonesa en México, la Cámara Japonesa de Comercio e Industria de México, el Liceo Mexicano Japonés, los kenjinkais (representantes de las prefecturas [estados] de Japón en México) y las organizaciones afiliadas (mexicanas, nikkeis y japonesas) y determinados restaurantes de comida japonesa del D.F.
Los principales festejos que organiza la AMJ son: en abril o mayo el Festival del Niño (Kodomo no hi); en octubre el Festival de Otoño (Aki Matsuri); el noviembre el Concurso de Oratoria en Japonés para estudiantes de Primaria y Secundaria (Hanashikata taikai); el festival de la canción japonesa (Haru no kayotaikai); su festividad mayor es la fiesta de Año Nuevo (Shinen shukuga kai), el segundo domingo de enero.
Los emigrantes provenientes de la Europa mediterránea tendieron a asimilarse con cierta relativa facilidad a las sociedades receptoras; no sucedió siempre lo mismo con los originarios de otros países: tal ha sido el caso de los japoneses que afluyeron en un determinado número hacia ciertas áreas del Continente Americano y que tendieron a permanecer segregados a través de mecanismos como la endogamia y el nucleamiento en sus propios círculos sociales y culturales.
Los nipones se establecieron en la costa oeste de los Estados Unidos, en México (por el sur, en Chiapas), en Perú, Argentina; y un gran número que llegó a Brasil.
La endogamia es el matrimonio entre individuos de una misma tribu, casta, linaje o grupo social; se aplica a la regla o práctica de contraer matrimonio personas de ascendencia común.
El nucleamiento, como su término lo indica, es mantenerse unidos mediante un núcleo principal o eje, que puede ser una asociación, institución o personaje
EL SANSEI O JAPONÉS DE TERCERA GENERACIÓN
Para el lector poco avezado en la cultura y las costumbres japonesas, el término sansei puede no significar nada. Quizá se podría pensar que se trata de una más de las extravagancias que acompañan a la globalización de Japón. Sin embargo, el sansei juega un rol importante en el desarrollo del país, como vínculo entre dos culturas: la japonesa y la mexicana. Literalmente, sansei se traduce como "tercera generación", obviamente suponiendo que le antecede una segunda generación (nisei) y una primera generación (issei), siguiendo la secuencia de ichi, ni, san, o uno, dos, tres en español. La duda persiste: ¿generaciones de qué?
Desde la perspectiva japonesa, el término sansei se refiere a aquella persona que desciende de japoneses en tercera generación, es decir, todo aquel cuyo abuelo, abuela, o ambos, son de origen japonés, o issei, y sólo es aplicable a aquellos que nacen fuera del Japón. La obsesión típicamente japonesa de clasificarlo todo colocando a cada quien y cada cual en un lugar específico, llevó a considerar a los emigrantes ya sus descendientes como "japoneses trasterrados", nacidos en otras circunstancias, pero al final de cuentas japoneses. Este último sentimiento ha generado distintos conflictos de identidad en cada una de las generaciones mencionadas. Los abuelos que emigraron, se sabían japoneses natos, y en su mayoría se vieron en la necesidad de abandonar su país en busca de nuevas y mejores oportunidades. Muchos de ellos sufrieron engaños y vejaciones, al tiempo que solucionaban los múltiples problemas causados por el desconocimiento del idioma y la adaptación a las costumbres que les eran ajenas.
Gran parte de las tradiciones propias se conservaron debido al espíritu de colaboración grupal, que a su vez reducía el campo de acción e interacción con el resto de la sociedad. Los círculos de amistad entre inmigrantes japoneses eran pequeños y en general se sentían más seguros reuniéndose con sus coterráneos. Esto último permitió que las propias creencias se transmitieran a sus hijos (nisei), quienes por seguir en buena medida los preceptos que se les inculcaba pudieron preservar el idioma y algunas tradiciones; asimismo conocieron Japón a través de los recuerdos de los issei. Los nisei, nacidos y criados ya en México, han conocido mejor la mentalidad y los problemas mexicanos, pero viven el conflicto causado por la interacción de ambas culturas.
Muchos de los inmigrados antes de la Guerra buscaron asegurar el futuro de sus hijos con una educación en Japón. Por esta razón, varios nisei partieron hacia Oriente con el único objetivo de educarse. A este grupo se les denomina Kiboku-Nisei, o la "segunda generación que retorna a su país". Este fue el caso, por ejemplo, de varios nisei que retornaron una vez concluida la Segunda Guerra Mundial. Ambos grupos de nisei se han visto atrapados de hecho entre dos culturas igualmente envolventes, y, por lo mismo, igualmente desconcertantes: la japonesa y la mexicana. Con trabajo honrado y constante, sin embargo, tanto ellos como sus padres crecieron como comunidad y ayudaron al crecimiento de México. La honorable reputación que adquirieron abrió una brecha para los sansei, la mayoría de los cuales ha alcanzado niveles educativos altos y se desenvuelve libremente en la sociedad mexicana sin problemas de comunicación.
Los sansei muchas veces conocen y se imaginan a Japón por referencias de segunda mano. Los abuelos y los padres hablan de este país como si fuera inmutable, pero lo cierto es que Japón, como cualquier otra sociedad, evolucionó y cambió enormemente, de manera tal que cuando un sansei por fin tiene la oportunidad de visitar esa potencia asiática, se enfrenta a una sociedad diametralmente distinta a la que se imaginaba. El propio rostro es desfavorable, ya que en México se les identifica como japoneses o "japonesitos? según el léxico indulgente con el que en México nos dirigimos a las criaturas y en Japón, a pesar de conocer su origen, se les exige que actúen y se expresen como nativos de ese país.
Hay quienes sí logran adaptarse, y aún casarse con japoneses, pero aquellos sansei que retornan, denominados Kiboku-Sansei, descubren una nueva e interesante realidad a su regreso a México. Los sansei, pues, no somos japoneses. Nacimos, crecimos y vivimos en México porque ésta es nuestra Patria. Somos parte de ella porque seguimos y disfrutamos sus costumbres. Nos educamos venerando a los mismos héroes y nos emocionamos tanto como cualquiera cuando se iza la bandera y se toca el Himno Nacional porque México nos pertenece tanto como nosotros pertenecemos a México; tanto como le pertenecen los descendientes de españoles, alemanes, judíos, italianos o chinos que nacieron y murieron en nuestra tierra. Los sansei somos, por lo tanto, mexicanos.
En una era en la que México se globaliza y Japón también, los mexicanos descendientes de japoneses, que genéricamente nos denominamos sansei, estamos cobrando conciencia de los roles nuevos que podemos desempeñar, como el de ser enlaces entre ambas culturas para enriquecimiento de la nuestra, la cultura mexicana. Ser sansei, en suma, significa entre otras cosas, ser heredero de la responsabilidad de transmitir lo bien hecho o lo que está ?Hecho en México?.
compilador y arreglo de estilo: Ernesto G.González Gálves Sociedad Mexicana de Japonología, A.C. (SOMEJA) ® Copyrigth 1995-2003
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