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México,
 
  RELACIONES MÉXICO-JAPÓN
2009-02-17
DEL TRATO ENTRE MÉXICO Y JAPÓN
(Efemerides interesantes de recordar)

1999 ha marcado el final del siglo XX, siglo que ha tenido una serie de cambios radicales en la vida humana, desde notables adelantos científicos, guerras inimaginables y el seguimiento de la conocencia del ser humano. Y ¿que hay de los vínculos entre México y Japón?; se debe tener presente que este siglo acrecentó la formalización de relaciones entre México y Japón, que gracias a Porfirio Díaz Mori se hizo posible; varios presidentes mexicanos han tenido predilección por el Japón, como Adolfo López Mateos, que es quien realizó la primera visita de estado de un mandatario mexicano por el Japón. En el caso de Luis Echeverría, es quien formalizó el programa de intercambio de jóvenes técnicos entre los dos países, inicialmente con cien estudiantes, a través del CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), mismo que sigue vigente con cincuenta lugares.

En 1888, en el siglo XIX, después de la visita a las islas de Japón de una delegación mexicana con fines astronómicos, encabezada por Miguel Covarrubias, quien comentó al gobierno nacional las bondades que podría propiciar el acercamiento con este imperio, México y Japón concluyeron el protocolo de firma del denominado Tratado de Amistad, Comercio y Navegación que este país asiático realizó con nuestro país, pero a diferencia de otras naciones industrializadas, en igualdad de condiciones.

En 1897, nueve años después de esta firma, los primeros inmigrantes japoneses arribaron a México; este contingente de 34 personas formaban el llamado ?grupo Enomoto?. Por lo anterior, en 1997, se celebraron los cien años de la llegada de los primeros ciudadanos japoneses a México y en 1998 se cumplieron ciento diez años de la firma del Tratado ya referido, que marcó el inicio de las relaciones formales entre los dos países.

El grupo de inmigrantes iniciales japoneses a nuestro país, lleva el nombre de Enomoto, puesto que fue organizado por el conde Takeaki Enomoto, en ese entonces ministro de relaciones exteriores japonés y presidente de la Asociación de Inmigración, quien siempre mostró interés por la colonización a México. El grupo llegó al puerto de San Benito (hoy en día Puerto Madero), en Chiapas, el 11 de mayo de 1897. Actualmente se estima que hay cerca de 25 mil descendientes de emigrantes japoneses en México (entre nisei, sansei, jonsei, nikei...).

Aún recordamos los eventos de estas dos importantes fechas para la comunidad nipomexicana, en 1997 y 1998, cuando estaba como embajador de Japón el señor Terusuke Terada, quién fomentó siempre los festejos por las buenas relaciones entre ambos países; también estaban destacados en nuestro país el Ministro Kazumi Suzuki, el consejero Tatsuo Arai y, como director del área cultural, el señor Yasuhiza Suzuki, con los señores Hiroshi Ezaki y Naoki Yokobayashi, todos ellos grandes y buenos amigos de SOMEJA.

Asimismo, tenemos presentes los eventos del llamado 90° aniversario de la llegada de los japoneses a México, en 1987, cuando visitaron nuestro país el príncipe Takamado, sobrino del entonces emperador Hirohito (o Showa) y su esposa la princesa Hisako. De igual forma, aparte de varios secretarios de Estado mexicanos que visitaron Japón (entre ellos, quien sería ungido como presidente, Carlos Salinas...), el entonces presidente Miguel de la Madrid lleva a cabo la visita oficial a Japón, en 1986, (que estaba programada para septiembre de 1985, pero a raíz del terremoto de ese año se pospuso).

A todo esto hay que recordar una serie de efemérides respecto al acercamiento entre los dos países, esto es, que casi es seguro que el primer mexicano que llegó a Japón fue San Felipe de Jesús, en 1564, quien finalmente fuera crucificado en el puerto de Nagasaki. Después, un galeón novohispano zozobra, en 1609, en la playa de Otaki, en el área de Onjuku (en la Prefectura de Chiba, al sur de Tokio); y, es precisamente, esta fecha la que constituye el primer contacto entre los dos países. Por ello, todos los años se hace la ?escenificación? de este naufragio, donde los habitantes del lugar se visten tanto de españoles como de samurais y pobladores de la época Edo (ó, época feudal); el embajador mexicano en funciones asiste al evento y lo suben y pasean en una mikoshi (...como un palanquín).

Hay que señalar que el área donde hoy en día está nuestra embajada fue casi obsequiado (...pues cubre una renta simbólica) a nuestro país por el joven emperador Meiji (que era parte de los jardines del Palacio imperial), en Akasaka, área que tiene cerca de 5 mil metros cuadrados. En 1891 se estableció la legación mexicana en Tokio (antes Edo), cuando llegó el primer enviado, el embajador Mauricio Wolheim, seguido del ministro José María Rascón. Como consecuencia de la Segunda Guerra en el Pacífico, la representación de México fue abandonada en 1941, siendo reabierta hasta junio de 1952 por Octavio Paz, cuando estaba en el Servicio Exterior mexicano cn el cargo de Segundo Secretario. Es hasta 1962 cuando se vuelve a ocupar el terreno original al iniciarse la construcción de la casa y oficinas con motivo de la visita del entonces presidente Adolfo López Mateos (...como ya se ha dicho, primera visita oficial de un mandatario mexicano a Japón). El edificio contiguo se inició en 1972, al realizar su visita oficial el presidente Luis Echeverría.

Cuando ocurrió el llamado ?gran terremoto de Kanto?, que destruyó grandes áreas de Tokio, en 1928, nuestro país tuvo muestras de solidaridad y envió como ayuda una cantidad considerable en pesos-oro. Habrá que recordar que el el terremoto de 1985, que destruyó algunos puntos del D.F., Japón, cuando era primer ministro Yasuhiro Nakasone, tuvo verdaderas actitudes de gentileza y ayuda al enviar a México grupos de rescate, respaldo económico y apoyos de diversa índole. Al entonces embajador mexicano Sergio González, le tocó recibir todas estas muestras de sincero apoyo.

Otra anécdota es cuando ocurre el golpe de Estado del ?chacal? Victoriano Huerta, la familia de asesinado presidente Francisco I. Madero ?la señora Sara y sus hijos? escaparon de ser asesinados gracias a que el titular de la legación japonesa, el ministro Horiguchi, tuvo a bien socorrerlos dándoles refugio en la representación.

Hay que destacar que durante el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines, es cuando se regresa a la comunidad japonesa-mexicana el fondo económico decomisado en posesión de la Legación Japonesa, a raíz de la declaración de guerra contra los países del Eje Roma-Berlín-Tokio. De ello, surge la construcción de la actual Asociación México-Japonesa (Nichiboku Kaikan) en 1954, en la colonia Las Águilas, al sureste de la ciudad de México.

En 1954 se firmó un convenio cultural entre México y Japón, con el que la relación de este tipo entre los dos países entró en su época de oro. Con base en este acuerdo, en 1971 se dio comienzo al referido programa de intercambio de estudiantes y académicos. ?Las actividades culturales no se han dado solamente en el nivel estatal, sino también se han desarrollado entre los particulares, entre diversas organizaciones privadas e individuos, en las que residentes japoneses en México participaron con buena voluntad, logrando excelentes resultados?,( ) donde podemos citar instituciones y sociedades difusoras de valores japoneses como, en este caso, la Asociación de Exbecarios AOTS México-Japón, la Asociación de ExBecarios de México en Japón (ASEMEJA) (que es la de mayor antiguedad) y la Sociedad Mexicana de Japonología (SOMEJA).

Muchos estudiantes nacionales han ido al Japón, ya sea para hacer la carrera, la especialidad técnica, la maestría o el doctorado. En 1971 se firma el convenio de intercambio entre México y Japón, como ya se ha dicho, gracias a los auspicios de Luis Echeverría; este programa se ha llevado a cabo a través del CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología); ese fue el comienzo formal, aunque ya antes algunos mexicanos habían estudiado en Japón a través de la Embajada japonesa. Pero, hoy en día, los estudiantes mexicanos pueden tener acceso a los cursos en Japón a través de la Fundación Japón, la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) y al Ministerio de Educación japonés (Monbushó).

En el siglo XX ha habido una serie de acercamientos entre los dos países, así como participaciones destacadas de los nikkeis mexicanos, donde como ejemplos podemos citar al actor potosino Noé Murayama, que inclusive llegó a actuar con el famoso Toshiro Mifune. Luis Nishizawa, pintor mexiquense, la predilección por México de la poeta Kazuko Shiraishi; el pintor Kojin Toneyama y su gusto por nuestro país; otros pintores que también nos visitaron son Taro Okamoto, Takayoshi Ito y Masuo Ikeda. O pintores que vivieron en México como Kiyoto Ota y Shinzaburo Takeda; en el caso de Midori Suzuki se ha casado con mexicano. Noriko Suzuki es ceramista, otra pintora es Oka Mine; como calígrafos tenemos a Masaharu Shimada o pintor de tinta negra (suiboku-ga) y a Kazuko Shimada.

Pero, la presencia de Japón en México asimismo obedece a otros individuos e instituciones, como la labor de Tanetoshi Hirasawa y Carlos Kasuga en la comunidad de nikkeis mexicanos, las bailarinas Tamiko Kawabe e Irene Akiko Iida, la escuela de ceremonia de té Urasenke bajo la dirección del Prof. Toyohiro Higurashi, Yuriko Kuronuma como violinista, el Grupo Kasou de Yoshiko Nishimura; Ejo Takata; centros educativos como el Liceo Mexicano-Japonés, la escuela Chuo Gakuen , el Instituto Cultural Mexicano-Japonés, la Fundación Japón; la Cámara Japonesa de Comercio e Industria de México y, los grupos de mexicanos involucrados con Japón, como las diversas asociaciones de exbecarios, como los de JICA (Agencia Japonesa de Cooperación Internacional), los del Ministerio de Educación (Monbushó), la Sociedad Mexicana de Japonología (SOMEJA) y, AOTS como grupo impulsor de la calidad y administración japonesa en México. De igual forma, hay que tener presente a la AMACAT (Asociación Mexicana de Administración de Calidad Total), quien ha colaborado con los exbecarios de AOTS e importantes empresas mexicanas en determinados eventos.

Los intercambios, como antes nos referíamos se realizan en varios ámbitos, ya sea por la Secretaría de Relaciones Exteriores, el Centro Cultural e Informativo de la Embajada de Japón, la Secretaría de Educación Pública, el Fideicomiso Fondo de la Amistad México-Japón (Ohira Kinkin), El Colegio de México (a través de su Centro de Estudios de Asia y África), la Universidad de Guadalajara (Depto. de Estudios del Pacífico), la Universidad Autónoma de Guadalajara (Centro de Estudios Asiáticos y Latinoamericanos), la Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y África (ALADAA). Otras importantes instituciones llevan a cabo sus convenios a nivel privado como la Universidad Iberoamericana, la Universidad La Salle, la Universidad de Colima (Centro de Estudios de APEC), entre otros.

Las instituciones que se dedican a la enseñanza del idioma japonés en México suman cerca de 80, donde interviene la Asociación Mexicana de Profesores de la Lengua Japonesa; asimismo son varios los certámenes que tienen que ver con este idioma. como el Concurso de Oratoria del idioma Japonés en México (Nihon Benron Taikai), el Concurso de Oratoria en Japonés para Alumnos de Primaria y Secundaria, el Programa de Invitación a Estudiantes Destacados de la Lengua Japonesa y el Examen de Conocimientos de Idioma Japonés en México (NoRiuKiuShiKen). Se han cultivado en México artes como el ikebana, la pintura washi, el bonsai, la jardinería japonesa y el origami.

Las diversas instituciones, centros, departamentos y asociaciones que tienen vínculo con Japón y/o que manejan valores japoneses, han procurado emitir un boletín informativo, que en el caso de AOTS, SOMEJA, el Centro Cultural de la Embajada, el CIDOJ del COLMEX, la UdeG entre otros, representan un importante esfuerzo por seguir teniendo presencia en el ámbito, tanto de Japón como de la calidad.

Cabe recalcar que estas relaciones entre ambos países están ligadas a la evolución industrial en los aspectos político, económico y tecnológico; asimismo, ha sido muy importante desde el punto de vista político el Centenario de las relaciones entre México y Japón, en 1988 ?como ya se ha dicho?, pues ha demostrado la congruencia y continuidad de la política mexicana, así como la adhesión de México al principio de igualdad de los Estados.

Lo único que los muertos se llevan a la tumba ... es lo que dieron. DE WITT WALLACE.

Copyright. Ernesto Gonzalo González Gálves (SOMEJA, 2000)
 
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